El Patrimonio cultural en los recintos religiosos:


      su valor para la sociedad


      El patrimonio cultural en los recintos religiosos forma parte del legado común que nos da identidad y nos vincula con otras personas. Así, los bienes que se encuentran en los diferentes recintos religiosos como templos, conventos y casas parroquiales, entre otros, forman parte del legado común de toda comunidad y representan los nexos que nos unen con nuestro pasado, y nos permiten comprender nuestro presente y enfrentar el futuro.


      Este legado está integrado por el conjunto de objetos contenidos en el recinto, así como por las pinturas murales, los retablos e incluso el inmueble, sobre todo, cuando éste es un edificio histórico.



      La importancia de su conservación


      Los bienes culturales que se encuentran en los recintos religiosos sufren alteraciones en los materiales que los constituyen, debido al paso del tiempo y a la acción de agentes del ambiente, así como por acciones humanas y de otros seres como los animales y la vegetación. Estas alteraciones, conocidas como deterioros, pueden llevar a que los bienes culturales se degraden parcial o totalmente, perdiéndose con ello la esencia humana que está en ellos.


       Así, conservar los bienes culturales que se encuentran en los recintos religiosos es conservar parte de nuestras raíces, de nuestra identidad como personas y como integrantes de un grupo social; es proteger lo que nos han legado nuestros antepasados y asegurar que nuestros hijos lo conozcan y reciban como herencia cultural.


      Por ello, conservar de manera digna y responsable el recinto religioso en su conjunto, es decir, el inmueble con todos los bienes que conserva en su interior, es conservar parte de nuestra historia, nuestra propia esencia humana y para ello la participación activa y responsable de los miembros de la sociedad es fundamental.



      El porqué de este manual


      Este manual surge ante la necesidad de brindar a la sociedad en general, información sencilla y accesible sobre conservación preventiva de los bienes culturales en recintos religiosos, ya que se considera que la conservación del patrimonio sólo puede llevarse a cabo satisfactoriamente con la participación y el compromiso de las autoridades religiosas y de la sociedad, por lo que no puede ni debe ser una tarea que descanse exclusivamente en manos de especialistas en conservación y restauración.


      La participación activa y responsable de todos los integrantes de la sociedad, si bien orientada por los especialistas, es el motor generador y multiplicador de esfuerzos en torno a la protección de los bienes culturales.


      La distribución del presente manual y la puesta en práctica de las indicaciones vertidas en él debe acompañarse de una capacitación adecuada de todos los integrantes del clero, así como de los usuarios y custodios de la sociedad y especialmente de las organizaciones religiosas y civiles, y para su aplicación debe contarse con la guía y orientación de personal profesional en restauración y conservación.


      Así, debe verse este manual como un apoyo para emprender la salvaguarda del patrimonio en recintos religiosos; de lo cual deben derivarse compromisos a corto, mediano y largo plazo, para asegurar la conservación de nuestro legado cultural.



      ¿Qué es el deterioro?

 

      Se entiende por deterioro el conjunto de los bienes culturales, que ocurridas a través del tiempo, ponen en peligro su existencia, ya sea porque provocan su inestabilidad, porque desvirtúan su apariencia o porque impiden que los bienes sean comprendidos en su unidad.


       Los deterioros ocurren por varias causas: por la acción del ambiente, por la acción de agentes biológicos (flora o fauna) o por la acción del hombre mismo. En ocasiones el deterioro se deriva directamente de la propia constitución de los bienes culturales, materiales empleados o malas técnicas de manufactura.


      Deterioro por el ambiente:


      Se conoce en términos generales como intemperización, y es el resultado de la incidencia de la acción de los factores como la luz, la humedad, la temperatura, el viento y la contaminación, entre otros, sobre los bienes culturales y el recinto religioso.



      Deterioro por agentes biológicos:


      Se trata en este caso de plantas o animales, que de diversas formas entran en contacto con los bienes culturales, y pueden deteriorarlos. Así, se cuentan desde insectos y pequeños animales como roedores, hasta grandes mamíferos; por otra parte, el deterioro por vegetales puede ser ocasionado, tanto por microorganismos, como por algas, hongos y líquenes, así como por plantas superiores que pueden ser incluso arbustos o árboles.


      Deterioro por la acción humana:


      El hombre puede convertirse en uno de los agentes más peligrosos de deterioro del patrimonio cultural, sea por acciones u omisiones intencionales o accidentales, derivadas principalmente de la ignorancia, la negligencia o el vandalismo.


      Los diversos tipos de deterioro se manifiestan de muy diferentes maneras, pudiendo ser detectados en los bienes culturales como: cambios en la forma, tamaño y color, alteración de la consistencia o dureza de los materiales, pérdida de partes o elementos, roturas o aparición de manchas u otros agregados sobre la superficie de los bienes culturales, entre otros.



     ¿Cómo evitar el deterioro del inmueble?


      El deterioro del inmueble o recinto religioso puede evitarse con un programa de mantenimiento en el que se tomen en cuenta los siguientes aspectos: revisión del estado en que se encuentran las diversas partes del inmueble como muros, techos, accesos; revisión de las instalaciones eléctricas e hidráulicas; limpieza interior y exterior del inmueble y control de efectos por humedad, entre otros. Además debe asegurarse que el inmueble cuente con: sistemas de seguridad, señalización de las diversas áreas funcionales, rutas de circulación, regulación de actividades comerciales y guías, si se trata de un inmueble abierto al público; así como la regulación de las actividades de los 13 voluntarios y el control de programas de eventos culturales, de existir estos.



     Después de un sismo, de la temporada de lluvias o de vientos huracanados, deberán señalarse los puntos sensibles o más vulnerables del inmueble, realizar las acciones correspondientes o, en su caso, contactar a especialistas que atiendan el requerimiento derivado de las consecuencias que estos fenómenos hayan causado.


      Aunque algunas acciones preventivas pueden parecer muy simples, por ejemplo: reponer los vidrios rotos en ventanas, acordonar la base de un retablo o barrer diariamente los espacios, pueden ser muy significativas para la conservación del inmueble. Las acciones específicas para asegurar el buen estado de los recintos religiosos se describen en el apartado VII de este manual relativo al mantenimiento.


      Una vez que el inmueble y su entorno se encuentran en buenas condiciones, se podrán tomar las siguientes medidas para evitar el deterioro de los bienes culturales muebles e inmuebles por destino albergados en él.