Cada año, cerca de cuarenta y ocho millones de personas se ponen enfermas y más de tres mil  mueren  a causa de una intoxicación alimentaria.


          Según datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos de América.


          Durante los dos primeros meses del dos mil doce se detectaron allí varios tipos de alimentos, como huevos, arenques y ensaladas preparadas, contaminados con listeria.


          A lo largo de dos mil once todos recordamos los conocidos casos de contaminación por salmonella y de E. coli que se detectaron en Europa.



          Según datos de la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica, en dos mil nueve  se produjeron más de seis mil casos de intoxicación por agua y alimentos en España.


          Ello pone de manifiesto dos aspectos esenciales:


          la necesidad de implantar y documentar estrictos estándares de control de la calidad en nuestras fábricas y procesadoras de alimentos nacionales (incluso como punto de partida para proteger nuestra producción nacional de acusaciones infundadas) y la toma de conciencia sobre la necesidad de incrementar los controles sanitarios en las importaciones de alimentos.


          En la actualidad, cada vez más países exigen informes favorables de auditoras de calidad independientes para autorizar la entrada de alimentos en sus territorios.



          En este sentido, las empresas de control de plagas son uno de los actores principales en la consecución de este objetivo y deben pasar de ser meros proveedores de servicios, a convertirse en auténticos aliados de las fábricas y procesadoras de alimentos para alcanzar estos estándares de calidad y de seguridad en los alimentos.


          Las empresas de control de plagas especializadas en prestar servicios a plantas de procesados o fabricación de alimentos han dejado de ser meros aplicadores de plaguicidas o biocidas para convertirse en asesores expertos para que las condiciones ambientales y estructurales no favorezcan el acceso,


          El refugio o la proliferación de plagas, así como se han convertido en  protectores del medioambiente para que las medidas biocidas que en su caso, debieran tomarse, tengan el máximo nivel de eficiencia y de respecto a las personas y al entorno.


          La mayoría de las grandes plantas de procesado o de fabricación de alimentos contemplan, entre sus procedimientos internos, Planes de Control de Plagas a justados a estos estándares de calidad.



          Sin embargo, parte importante de la pequeña y mediana industria alimentaria no es todavía  consciente de ello y el escaso control ejercido por las autoridades sanitarias – entre otros por falta de medios – no facilita su incorporación a estos estándares de seguridad alimentaria entre los que el control integrado de plagas juega tan importante papel.


          El cumplimiento de estándares europeos de calidad y de seguridad alimentaria para todo tipo y tamaño de productores y de manipuladores de alimentos nacionales debe ser una exigencia oficial estrictamente supervisada



         No ya sólo por cuestiones sanitarias, sino también económicas y de marca nacional ya que, como hemos comprobado el año pasado, una sola acusación a un productor, además incierta y tal vez basada en intereses económicos de la competencia internacional, afecta de manera dramática a todo un sector productivo y a una imagen internacional de país.